Hetero Jovencitas

Iniciación al sadomasoquismo con mi novia

Antes de comenzar me presentaré, me llamo Nicolás y tengo 28 años, los mismos que mi novia Andrea. Llevamos saliendo seis años y nuestra relación va viento en popa. En lo sexual somos una pareja bastante activa y practicamos infinidad de cosas, desde el “aquí te pillo aquí te mato” hasta fines de semana planeados para que nuestra principal preocupación sea el satisfacer sexualmente a nuestra pareja. El juego que más practicamos y que más nos va es que la ate con cuerdas y pañuelos de seda. Al principio todo comenzó como una típica fantasía de vendarle los ojos y atarla a la cama pero con el tiempo y a base de práctica los juegos son ahora de bondage total, utilizando metros de cuerda sobre su cuerpo. Es impresionante es ver como ella cuanto más atada e indefensa está más libre se siente y sus orgasmos son mucho más poderosos.

Hace tres semanas cumplíamos los seis años de relación y lo decidimos celebrar pasando el puente de Todos Los Santos en una casita de turismo rural en los Pirineos. Tras preparar mi maleta con todo lo necesario para que ese fuera un viaje inolvidable me fui a hacer unas cuantas compras a un centro comercial. Tenía una lista de compra con la comida y otras cosas que debía comprar, como nata, chocolate líquido, vino, cava, velas, incienso y pilas (para su vibrador). Como a Andrea le encanta la lencería decidí comprarle algo como regalo de aniversario. Buscaba algo sexi y me decidí por un conjunto de sujetador, liguero y tanga. Todo negro de encaje que insinuaba más que tapaba. Para llevarle el conjunto completo le compré también unas medias negras que tenían un tacto increíble.

La fui a buscar a la salida de su trabajo y tras unas dos horas de viaje llegamos a nuestro destino. Al llegar abrimos una botella de vino y le di mi regalo a Andrea y ella se quedó algo chafada porque no me había comprado nada a mí, ni yo esperaba nada dado que nunca nos habíamos hecho regalos en los aniversarios pasados. Se tomó de un trago su copa de vino y abrió la bolsa donde llevamos las cuerdas y demás complementos sexuales. Sacó una cuerda, me quitó la camisa y me ató las manos en la espalda. Yo me sorprendí bastante porque siempre soy yo el que la ato a ella pero le dejé hacer. No me había atado nunca antes pero sabía lo que hacía porque mis muñecas quedaron tensas pero cómodas. Al terminar con mis muñecas cogió otra cuerda y me ató los codos, lo cual ya no era tan cómodo.

Me dijo que estaba realmente excitada viéndome a su merced y que ahora me tocaba a mí el saber lo que era estar indefenso. Yo le contesté que también estaba muy excitado y ella me quitó los pantalones y calzoncillos para comprobarlo. Sacó una cinta adhesiva de embalar y comenzó a pegármela por una mano. Cuando ya estaba toda mi mano envuelta en cinta comenzó a hacerme lo mismo con la otra mano. “Ya no puedes utilizar tus dedos para soltarte cariño y esto sólo es el principio”, me dijo al odio mientras comenzaba a enrollar cinta adhesiva alrededor de mis ya envueltas manos. Con la cinta enrollo desde la punta de mis dedos hasta encima de la cuerda que ataba mis muñecas. Me llevó a una silla, me sentó en ella y con otra cuerda me ató a la silla por la cintura y los hombros. Los tobillos me los ató a las patas traseras de la silla. Andrea cogió su regalo y su bolsa y sin decir nada se metió en el baño.

Pasados unos cinco minutos salió. Se había puesto en conjunto que le había regalado y unos zapatos negros de tacón. Estaba realmente espectacular, mucho más sexi de lo que yo me había imaginado. Andrea tiene un cuerpo perfecto, moldeado a base de horas de aeróbic y la lencería le queda mortal. Solo el verla así vestida hizo que me empalmara. Se sentó sobre mí y me dijo que me iba a follar hasta que me muera. Me dio un beso, se agachó y comenzó a lamerme la polla lentamente. Mientras me la chupaba ella comenzó a meterse mano. Al rato se detuvo al ver mi estado de excitación y yo le pedí que terminara, no podía parar. Ella empezó a reírse y me dijo que yo no estaba en situación de pedir nada. Se volvió a sentar sobre mí y continuó metiéndose mano dejándome de simple observador. Cuando tuvo su primer orgasmo se detuvo y me dijo que me iba a convertir en su consolador, que sólo le interesaba mi polla. Sacó un pañuelo y me vendó los ojos. Para asegurarse de que no me lo iba a poder quitar puso un par de trozos de cinta adhesiva sobre el pañuelo pegándolos a mi cara. Sacó unos tapones de los de los oídos y me los colocó. Sobre las orejas otros dos trozos de cinta adhesiva para que no se me cayeran de ninguna forma. Me introdujo un trozo de tela en la boca y puso un pañuelo con un gran nudo en el centro para que lo mordiera mientras lo ataba con un par de nudos en mi nuca. Con la cinta adhesiva dio cuatro o cinco vueltas alrededor de mi cabeza para evitar que pudiera quitarme la mordaza.

Ahora si que estaba realmente indefenso, no podía moverme, ni ver, ni oír, ni hablar y lo que era peor, no tenía ninguna opción de poder soltarme. El trozo de tela de mi boca tenía un sabor extraño, que reconocí como el de sus bragas después de haberse estado masturbando anteriormente. Se volvió a sentar sobre mí y me folló brutalmente.

Al terminar me soltó de la silla y me llevó a la cama. Allí me ató las piernas juntas por los tobillos y las rodillas. Con otra cuerda me ató las muñecas, que aún estaban atadas y envueltas con la cinta adhesiva, a la cintura para que mis brazos quedaran atados a mi cuerpo. Los tobillos también me los ató a las muñecas dejándome ahora totalmente inmóvil. Me colocó de medio lado y me llevó al borde de la cama. Ató fuertemente un pañuelo alrededor de la base de mi pene para que éste estuviera erecto durante todo el tiempo y comenzó a realizarme una mamada. Mientras su lengua recorría todo mi sexo una mano lo aprisionaba fuertemente por la base y otra mano frotaba la zona entre mi ano y ni pene. Al principio todos sus movimientos eran suaves y pausados pero poco a poco fue subiendo el ritmo hasta que me corrí. Andrea seguía chupándomela y mi semen estaba todo dentro de su boca. En vez de detenerse se puso a meneármela con una mano y con la otra iba introduciendo un dedo por mi culo. Yo gemía con fuerza pero de mi boca apenas salía nada audible debido a la gran mordaza que llevaba. Pasados unos minutos me volví a correr y ella se detuvo, dejándome sobre la cama sin desatarme.

Me dejó y estuve más de una hora sobre la cama, sin poder ver ni oír nada. Yo intentaba gritar para llamar su atención pero no obtenía ninguna respuesta. Cuando a Andrea le pareció bien me soltó los tobillos y las rodillas para volver a atármelos. Esta vez la posición era otra. Me ató un tobillo la pierna de forma que el talón quedaba pegado a mi culo. Repitió la operación con la otra pierna y me dejo de rodillas sobre la cama. Ella se arrodilló delante de mí e introdujo mi polla en su culo. Se quedó inmóvil. Yo intentaba moverme para follarla pero me era imposible. Cada vez mi angustia y excitación era mayor pero si ella no se movía me iba a dejar con las ganas. Pero no fue así, porque Andrea se empezó a mover y me volvió a follar a su placer.

Tras corrernos me soltó y nos fundimos en un gran abrazo. Me preguntó si me había gustado y yo le dije que había sido la cosa más excitante que me había hecho.

Me dijo que lo de la boca eran sus bragas húmedas después de haberse masturbado y que cuando me dejó atado sobre la cama estuve dos horas y media mientras ella jugaba con su vibrador viéndome a mi atado y totalmente indefenso.

Fin de la primera parte de lo que sucedió en aquel puente de Todos Los Santos. Lo que sucedió después ya os lo contaré en otro relato. Espero que os guste

Leave a Comment