Hetero Jovencitas Lesbianas

Jovencita de 18 años se inicia como puta profesional

Todo empezó aquel maravilloso verano en que cumplí los 18 años. Soy natural de un pequeño pueblecito de unos 500 habitantes, en un lugar de España de cuyo nombre no quiero acordarme.

Yo era una joven muy, pero que muy atractiva, aunque me esté feo decirlo he mejorado muchísimo y ahora a mis 26 años estoy buenísima. La vida en el pueblo era muy aburrida y yo me pasaba todo el tiempo soñando con viajar y ver mundo. En verano la cosa era mas llevadera porque venían muchos veraneantes y cambiaba la rutina diaria.

Me perseguían todos los mozos, con bastante “malas” intenciones, pero yo me resistía como Agustina de Aragón contra los franceses.

El mas pesado, por tozudo e insistente, era Manolo, se había empeñado en que tenía que ser su novia y no paraba de darme la tabarra, lo que ahora llamaríamos un acosador. Hombre, yo también tenía mi corazoncito y algunas veces le dejaba hacer un poquito, una mano por aquí, un beso con lengua por allí, incluso una vez llegué a tocarle su herramienta y me dejó la mano hecha un asco, se corrió instantáneamente. Pero de tocarme mi chochito o meterme lo que él quería nada de nada, hasta ahí podríamos llegar!!

Ese año, como todos los anteriores desde hacía tres, vino a pasar las fiestas de la virgen de agosto la Jesusa, la hija del malagueño, no se por que le llamaban así si había nacido en el pueblo, creo que le tocó la mili en Málaga. La Jesusa ya no se llamaba así, se hacía llamar Tina y cada año venía mas elegante, con mas joyas y un coche mas llamativo. Aquel año apareció con un descapotable que quitaba el hipo. Con ella si que perdían el oremus todos los tíos del pueblo. Había que ver como babeaban al verla pasar y a ella le encantaba. Tenía unos 25 años, cabello castaño, ojos verdes y unas tetas y un culo casi tan bonitos como los míos.

Recuerdo la noche que pasaron la película en la plaza, cuando Tina pasó por delante del haz del proyector y su cuerpo se recortó sobre la pantalla, los tíos empezaron a berrear y silbar como locos, incluso mi Manolo estaba salido, si no llega a ser por el cabo de la Guardia Civil, yo creo que la violan allí mismo.

Nadie sabía exactamente a qué se dedicaba Tina, que si era enfermera, dependienta, peluquera. Pero lo que si sabía todo el pueblo es que durante su estancia veraniega hacía repetidas visitas a casa del conde y parece que éste lo pasaba muy bien porque la cara de alegría le duraba hasta bien entrado el invierno.

Todavía recuerdo el día que la Tina me dijo si quería acompañarla a casa del conde, había llegado su hijo que estudiaba en el extranjero y mientras ella “charlaba” con el padre yo podría confraternizar con el niño. No lo conocía y creía que iba a hacer de canguro, así que le dije que no había inconveniente. Le pregunté que por qué me lo decía a mi y me contestó que me conocía de toda la vida y que yo era muy guapa y si quería podría salir del pueblo con ella y cambiar de manera de vivir.

Me dijo que la acompañara a su casa que me dejaría ropa. En su coche llegamos en un momento.

– Anda, Dolores, pasa. Oye que te parece si te llamo Lolita, es como más sexy que Dolores ¿no? – – Como tu quieras, llámame como mas te guste. – – Bien Lolita, vamos a mi habitación.

Entramos en su dormitorio, no había nadie en casa, así que podíamos estar tranquilas. Abrió el armario y me dejó boquiabierta, nunca había visto tanta ropa junta y zapatos si no había veinte pares no había ninguno.

– Que animalada!! Vaya cantidad de ropa. – – Puedes coger lo que mas te guste.

Abrió un cajón del ropero lleno de lencería y me dijo

– Coge de aquí también lo que prefieras

Era impresionante, había bragas y sostenes para poner un mercadillo

– Mujer, no querrás que me cambie de bragas aquí – – ¿Por qué no? Lolita, mejor que te cambies toda la ropa asi seguro que vas conjuntada. Mira ¿qué te parece este conjunto? Dijo tendiéndome unas bragas minúsculas y un sujetador ínfimo, solo unas tiras negras que debían dejarlo todo al descubierto. – – Muy pequeño ¿no? – – Anda tonta pruébatelo. Seguro que estás preciosa con él. – – ¿Dónde puedo cambiarme? – – Pues aquí mismo, ¿no irás a tener vergüenza, no?

Evidentemente, era una tontería tener vergüenza porque estuviera ella en el cuarto, así que empecé a desnudarme y me calcé las braguitas y el sujetador, Me miré en el espejo del ropero y hasta me impresioné yo misma.

– Ves lo que yo te decía estás guapísima. Por cierto ¿eres virgen?

Me puse colorada como un tomate

– ¿Por qué lo preguntas? – – Solo por curiosidad, ¿lo eres?

Me sorprendí contestándole

– Si, si lo soy. ¿ y tu? – – Desde luego que no, je je. Anda coge un vestido o lo que mas te guste. Este vestido te quedaría monísimo. Me dio un vestido que parecía una camiseta por lo corto que era. Y parecía de goma. – – ¿Este? ¿es de goma? – – Es de Lycra. Se te pegará al cuerpo como un guante.

De color azul eléctrico, me lo enfundé y realmente era como una segunda piel.

– Ves mujer porque tenías que cambiarte de ropa interior, así no se marca nada. Ahora vamos por mí. Se desnudó y empezó a acicalarse. En un momento estaba mínimamente vestida con una minifalda y un top casi transparente. Sujetador no llevaba y no le ví ponerse bragas, como comprobaría después efectivamente no llevaba nada mas que lo que se veía. – – Vamos a pintarnos para la guerra. Supongo que puedes quedarte a cenar y dormir fuera de casa si hace falta ¿no? – – Mejor que llamemos y diremos que me quedo aquí en tu casa. – – Muy bien. Y así lo hicimos. A eso de las 8 de la tarde nos metimos como pudimos en el descapotable, era difícil moverse con aquellas ropas y nos fuimos a casa del conde.

Menudo palacio tenía el tío. Nos abrió un mayordomo, como en las películas. Muy puesto él nos dijo:

– Muy buenas… – no se si lo decía por nosotras o por las tardes- los señores les esperan en el salón.

Nos acompañó y allí estaban padre e hijo elegantemente vestidos de smoking, con una copa de champan en la mano. Los dos eran muy atractivos y se acercaron a nosotras ofreciéndonos una copa.

– Muy buenas tardes Tina, ¿ tu debes ser Dolores? Tina nos ha hablado muy bien de ti – – Buenas tardes, llámeme Lolita señor conde, por favor – – Muy bien Lolita y tu apéame el tratamiento, de tu y nada de señor conde, José padre y José hijo. No me quitaba los ojos de las tetas y a mi no me molestaba nada.

José hijo no perdía el tiempo después de hacerme un besamanos se sentó en el sofá con Tina y empezaron a besarse, a reir y a bromear mientras nos miraban.

– Llevas un vestido precioso, Lolita, si quieres te podemos facilitar ropa y complementos, lo que tu quieras, ya sabes que tenemos una tienda en la capital muy bien surtida, cuando te apetezca puedes pasarte por allí y llevarte lo que te guste. – – Muchas gracias, José. El champan empezaba a desinhibirme y ya no me molestaba lo mas mínimo que me mirara las tetas, ni cuando me rodeó la cintura con su brazo. – – ¿Qué tal preciosas si pasamos al comedor y cenamos? Tenemos marisco, ya sabéis que es afrodisíaco. – – ¿Afro… que? ¿ qué es eso? – – Afrodisíaco, que pone caliente, ¿ me entiendes? Que te entra un hormigueo aquí – puso su mano en mi entrepierna. Yo dí un respingo, pero él siguió acariciándome. Te sube un calorcito desde aquí, pasando por las tetas, los pezones se ponen duros – seguía la explicación con sus manos, para que pudiera entenderlo bien. Y te entran unas ganas terribles de follar ¿ no te ha pasado nunca? – – Todo eso no, solo alguna vez, estando con algún chico, me entra mucho calor, me pongo como un tomate – – Tranquila que aquí estamos en familia.

Entramos en el comedor, era precioso, con muy poca luz, velas y una música preciosa. José hijo y Tina seguían dale que te pego, José padre me ayudó a sentarme, yo tenía que subirme el vestido, porque con lo estrecho que era no podía casi ni moverme. Me quedaron los muslos casi completamente al descubierto y ahí estaba el conde sin perder detalle. No tenía que esforzarse mucho porque la mesa era de cristal y se veía todo, sobre todo a Tina, que evidentemente no llevaba bragas y con los muslos entreabiertos le estaba dando un buen espectáculo al condecito. Ahora se estaban repartiendo las ostras y jugueteando con ellas en los labios de Tina, le pasaba la ostra por los labios y ella la lamía con la puntita de la lengua y después se la daba a él. Yo estaba alucinada.

– Lolita ¿ no has probado las ostras? – – No, nunca. – – Verás como te gustan. Me acercó una a la boca y se le cayó, justo en el canalillo. Huy perdona, y sin darme tiempo a pensar me metió la mano entre las tetas con la excusa de recuperar el marisco. No tuvo mucha suerte en la pesca porque tardó muchísimo en encontrarla y no desperdició la ocasión de sobarme las tetas y pellizcarme los pezones. Me estaba poniendo muy caliente, ahora entendía lo del afrodisíaco. – – Aquí está la ostra, ¿has visto lo que parece? – – No, ¿a qué se parece? – – Se parece mucho a tu chochito, por eso le llaman almeja..

Menudo sinvergüenza, pero la verdad es que no me molestaba.

– ¿Quieres comprobarlo? Tina, siéntate en la mesa y enséñanoslo.

Ahí estaba Tina con la falda por la cintura, el culo en el frio cristal y las piernas bien separadas

– ¿Ves como se parece? – – Si, si se parece – yo no sabía donde mirar. – – Anda cométela – me la metió en la boca – chúpame los dedos, cariño

Ahí estaba yo chupando los dedos del conde y él acariciándome las tetas sin ningún recato. Claro que su hijo le estaba atacando el coño e Tina a lengüetazos y parecía que la estaba llevando al séptimo cielo.

– Anda Lolita quítate el vestido, ponte cómoda como Tina. A mi no me parecía que estuviera muy cómoda, ahora tenía la polla del condecito en la boca y no parecía que pudiera respirar muy bien. Pero el conde me dejó casi en pelota picada en un santiamén. ¿Has probado lo que hace Tina? Ya estaba desnudo y menuda tranca, debía ser de aristócrata. Se la estaba manoseando y me acercó a la boca – – No, no, yo no hago esas cosas

Tina se volvió hacia mí dejando la faena un momento, los dos se me acercaron y entre los tres empezaron a meterme mano. El condecito empezó a besarme, vaya lengua, el conde se dedicó a mis tetas y Tina se amorró al pilón y empezó a trabajarme los bajos, a los cinco minutos cambié la lengua del hijo por la tranca del padre, sin casi darme cuente y empecé a comérmela con verdadera devoción. Tina seguía comiéndome el chochito mientras el condecito se la follaba por detrás.

– Asi, Tina, prepáramela bien, que ahora mismo la desvirgo – decía el conde – menuda verga tenía el tío. Y yo como una tonta chupa que te chupa, tenía unas ganas locas de que me jodiera y me sorprendía a mi misma gritando – – Fóllame ya, métemela de una vez – – Eso es lo que quería yo, que me lo pidieras, tómala toda…

Me tiró en la alfombra, con un cojín bajo el culo, para levantar la pelvis y facilitar la penetración, apuntó su capullo y empezó a empujar, sin prisa pero sin pausa. Sentía como si me estuvieran quemando las entrañas,

– Duele, duele…Ahhh – – Tranquila, cariño, no aprietes – decía mientras me besaba como un loco y me mordia el cuellos y el hombro

En un momento tenía toda su tranca dentro de mí.

– Ahora vamos a empezar a movernos – dijo mientras culeaba poco a poco. Sus movimientos cada vez eran mas rápidos y profundos, me debía llegar al estómago. Empezaba a gustarme

– Sigue, sigue, José amor mío, que bien follas – como si lo hubiera probado muchas veces… En un momento me llegó el primer orgasmo, que manera de gritar… Pero el conde seguía culeando como un energúmeno, vaya energia, antes de que se corriera en mis tetas y en mi cara, me corrí dos veces mas.

– Venga Lolita, chupámela y déjamela bien limpia.

– Como tu digas – y a chupar otra vez, tenía un gusto muy rico, saladita…

Mientras tanto el condecito le estaba dando por culo a Tina, que manera de apretarle las tetas, con una mano le tiraba del pelo y con la otra le estrujaba la teta, como se cimbreaba con sus embestidas, hasta que se corrió en sus nalgas… El condecito me miraba con lujuria

– Ahora cambiamos de pareja , eh papi. Te voy a echar un polvo de campeonato, Lolita… – – De cambiar nada, tiene agujeros para los dos… dejaremos que Tina descanse, le das unos tutes que no veas. ¿Verdad que puedes con los dos, Lolita? – – Lo que tu quieras, cariño…

En un momento los tenía a los dos lamiéndome y mordisqueándome todo lo que les apetecía. Se pasaron como una hora y al final me follaron los dos, el condecito pretendía darme por culo pero el padre le dijo que tiempo habría de inaugurar la segunda vía…

Salimos de la casa de madrugada, escocidas y hechas polvo, pero con un buen fajo de billetes, mi primer sueldo, ahora ya sabía cual era la profesión de Tina y parecía que yo me había graduado con buena nota. Ya en el coche me dijo

– ¿Qué tal? ¿cómo ha ido? Ya ves, si te gusta follar, con tu cuerpo puedes ganar una fortuna, vente conmigo a la capital y nos haremos las reinas. – – Me he corrido seis veces, me voy contigo al fin del mundo…

Cuando acabó el verano nos fuimos juntas y yo ya no volví mas al pueblo. Me dediqué a mi profesión con absoluta dedicación, pero eso ya es otra historia…

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