Hetero Jovencitas

Un viaje con Ana

El mes se había cumplido una tarde gris, afuera llovía. Yo estaba en el bar a la hora indicada, se había pasado la hora, ya pensaba que llegaría temprano a casa cuando la vi cruzar la calle hacia el bar, pollera con tajo al frente, un top blanco tapado por un chaleco de lana, entro y se sentó al costado.

No estaba seguro de que vinieras le dije, hombre de poca fe, todavía me acuerdo de algunas sensaciones y las quiero reavivar. Bueno lo cierto es que esta semana estuve un poco ansioso, devolviendo atenciones. Con suaves movimientos, casi sin querer fue soltando los botones, la tela blanca dejaba traslucir sus pezones sin sostén.

– Contame que pensabas mientras te vestías, guachita.

– Me gusta ir sintiéndome excitada mientras me preparo.

– A mí me gusta que me calienten sin tocar, son raras las mujeres como vos muy inteligentes a las que les gusta que le fifen el cerebro además del cuerpito y a mí me encanta fifar tu cerebro. Antes de entrar por que no me regalas algo. Extrañada me mira, que queres? pregunta.

– Tus bragas contesto. Sonríe sorprendida.

– Aquí?

– Bueno hay mucha gente, te dejo ir al toilette.

Se levanta, la pierdo unos instantes. Regresa mirando alrededor, como viendo si la miraban. Y claro la miraban, ya sin el chaleco casi en tetas y tan solo dos botones de la pollera quedaban prendidos y dando largos pasos para que la pollera se abriera lo más posible. Luego de sentarse, por sobre de la mesa casi haciendo ostentación me entrega su presente.

– Ahora me dice quiero que vos me hagas un regalo.

Me levanto y en el baño me saco el boxer. El pantalón de verano no pudo contener la calentura, sonreí por que me iban a aplaudir al salir, camine solo mirándola a ella, me puse a su lado, no sacaba la vista de mi bulto el cual estaba casi a la altura de sus ojos, le entregue el presente. Caminamos los cincuenta metros en los que le decía, me tenés al palo guachita, ella me comentaba que si no entrábamos se empezaría a notar que se mojaba, cerca de la puerta la agarre del brazo y la obligue a caminar hasta la esquina, aprieta las piernas y sentí la excitación, no me decía las abro para que el viento me acaricie. Dimos la vuelta, dos o tres veces paso la mano por el bulto que ya era indisimulable, que querés hacerme terminar acá, le dije. Lo menos que mereces por tenerme así.

Entramos y fuimos rápido a la habitación, después de cerrar la puerta le pase la mano por los muslos hasta confirmar que estaba toda mojada. Ella bajo el cierre y mi erección salto. Se sentó en la cama con la boca ocupada, sabia que todo seria rápido, me saque el pantalón y la acosté, ponete de costado, arrodillado al lado de la cama ella prosiguió la mamada, parecía disfrutar tanto como yo, se esmeraba en estimular justo atrás de la cabeza, como si supiera que es mi lugar mas sensible. Tanto placer merecía premio, me propuse devolvérselo así que coloque mi mano en la fuente de su gozo, perdí cuatro dedos de mi mano en su cueva con el pulgar en su clítoris, los dedos se movían tocando todas las letras del abecedario, gemía lo que podía, solo abrió la boca para anunciar que estaba terminando y redoblo los esfuerzos tragándose hasta la ultima gota, dejándome con la sensación de haberme vaciado todo.

Terminamos de devestirnos, moje la pollera, me dice, no te preocupes yo manche el pantalón, por poco termino en él como a los 13 años. Reímos. La acosté boca abajo y me senté arriba para unos masajes, vos querés relajarme, no? pregunto, que va si estas toda relajada después de orgasmo que te mandaste.

Habíamos pedido unas cervezas, las que al no estar bien frías vinieron con hielo, así que decidí jugar, le empece a pasar el hielo por la espalda, y lo apoye entre los cachetes se derretía rápido, haciéndos finito, comencé a tocarla y ella a mojarse, le pase un par de veces el hielo por la entrada de la vagina, me querés enfriar? pregunto. No es para no quemarme la mano.

En cuatro ella, yo detrás, una vagina ambienta y una pija sedienta, una postura animal, macho-hembra, me hundí fácilmente, como me calienta tu olor de hembra en celo. Metemela hasta bien adentro. Le di fuerte, gemidos y alaridos mezclados, una palmada en su nalga, hija de puta como me gusta cogerte, dame guacho, otra palmada, el culito libre, ella terminando, le lleno al mismo tiempo sus orificios de placer, sigue terminando, su vagina me chupa, ella se pasa la mano por la concha, me toca, con dos dedos la aprieta, empiezo a termina y la lleno de leche.

Afuera llueve, adentro todo esta mojado, pasamos por la ducha, historia conocida, jabón, excitación, carrera contra el tiempo. Me abriste el culito de paso, es que cuando lo veo cerrado no puedo resistir la tentación, y ahora mira que cerrado esta, abriéndose las chachas, vas a tener que hacer algo bueno para de no siga cerrado, te soltase toda putita mía. Esta vez yo parado ella de cuclillas, goza, hace gozar y sabe mucho. No solo se dedica a la verga, también las pelotas y hasta mi culito reciben atenciones. Me lo chupa, y se chupa un dedito, para gozarte todo, me dice. Solo lo pasa por mi orificio y mientras tiene toda la verga en la boca empuja un poco. Lo da vueltas. Es dificil aguantar tanto, se da cuenta y para. Se pone de pie, un chupón largo. Sentada al borde de la cama, yo de rodillas entre sus piernas, las levanta me muestra y me da todo. Primero paso el pene y veo como se abren los labios, ella apoya la mano y lo aprieta contra su clítoris, yo me muevo la guacha termina así de fácil, sus jugos llegan hasta el culito, meto un dedo firme, me recuerdan mis sensaciones. Metetela vos, le digo, sonríe y la apunta, el resto es mío. Me excita el reborde que se forma cada vez que la saco, otra vez, apretalo guchita, lo hace, entro y salgo un rato, pero me calienta tanto como goza y como la hago gozar. Apoya los pies en mis muslos y abre completamente las piernas, se pasa la mano tocándose empalada, déjame a mí, le digo, con la palma hacia arriba meto dos dedos en su vagina, siento como pasa mi pija por su recto. Contracciones simultaneas de su vagina y su ano, grita apretándose lo único que le queda las tetas, una secuencia infinita de orgasmos, clava sus uñas, saca sangre. Duele pero se mezcla con el resto. Retiro mi mano y me dedico a gozar, termino cayendo arriba de ella y enterrándosela toda. Le duele a ella también, ya no puedo impedirlo.

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