Jovencitas Lesbianas

Mi compañera me inicia en el sexo lésbico

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No me gustan las mujeres, pensaba hasta anoche. Es decir siempre le tuve cierto recelo a tener sexo con una persona de mi mismo sexo, además de que tengo novio, lo amo y si bien a veces hay dificultades, lo paso genial en la cama con él. Pero aquella noche fue diferente, aquella noche no sé qué fue lo que me pasó. Por unos asuntos del trabajo, tuve que pasar la noche con Sheila, una compañera del trabajo, teníamos que adelantar papeleo de forma urgente. Ella no me caía muy bien que digamos, pero para hacer más amena la situación acompañamos la tarea con un vino.

Un poco más “sueltas” por la bebida comenzamos a conversar. Me preguntó sobre mi novio, le conté de él, me pregunto cómo era en la cama, si alguna vez me había dado un orgasmo.

-¿Alguna vez? Pocas veces, él es muy mecánico para eso.

-Puedo enseñarte y mostrarte como se llega al orgasmo…

Ambas estábamos algo tomadas y ella no dejaba de mirar mis senos y eso me gustaba. No eran ni grandes ni pequeños, más bien medianos, pero los de ella eran gigantes junto con su trasero; redondo, perfecto, firme y grande. Eso sí, mi retaguardia no tenía nada que envidiarle a la de ella. Se acercó a mí y comenzó a darme besos en el cuello. Se me hizo raro, pero por alguna razón no quería que parara, así que no le dije nada.

Ese vino algo tenia, empezó a darme muchas ganitas me arreche y el deseo comenzó a invadirme. Ese beso que me dió Sheila en mi cuello me erizó la piel, se me olvidó el disgusto que me producía el ver a dos mujeres teniendo relaciones. Me solté y me deje llevar por las ganas de ella. Ella se dio cuenta y se acercó por delante y mirándome fijamente se quitó la blusa y sus senos quedaron libres. Ven, toca, me invito. Acaricie sus enormes senos de puntas grandes y chupos enormes que me decían ven chúpame. Me dio gusto hacerlo, agache se las besé, dándole suaves mordisquitos a los pezones. Era la primera vez en mi vida que estaba metida en semejante rollo, sentía que le gustaba cerraba sus ojos y se le veía el placer en su rostro

Sus manos buscaban mi entrepierna. Metía su otra mano en mi brasier y sus dedos acariciaban mis pezones. Sentí su mano encima de mi tanguita, me frotaba y me encantaba, mi novio era el único que llegaba hasta a esa zona íntima y placentera. Era una experiencia nueva para mí y me encantaba, sentía más placer, que cuando mi pareja me tocaba. Sus dedos más suaves más ligeros más rápidos sabía exactamente dónde dar placer, lo encontraba y me gozaba, también busqué desesperada su vagina debajo de su calzón, la sentí mojada queriendo ser tocada; un placer fuera de lo común.

La sujete contra la pared y le hundí mis dedos en su frondosa chocha. Suspiró rendida a mi merced y seguimos el ritmo del morbo yo manoseando sus deliciosos senos. Ella y yo tocándonos nuestra mojada chochita.. Sentimos un ruido afuera escuchamos unos pasos que salían presurosos, sentimos que alguien nos miraba, salimos sigilosamente, no vimos a nadie, pero nos despedimos fríamente el susto nos quitó las ganas de seguir. Pero esa noche supe que esto iba a continuar.

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