Hetero Maduras

Doña Margarita (Parte 2)

Salieron del cine con destino al matadero, se encontraban en pleno centro de la ciudad y deberían caminar unas cuantas cuadras hasta internarse en la zona del Centro de Gobierno, donde de seguro encontrarían moteles adecuados para el sacrificio planeado, y aunque debería reinar la ansiedad del acto sexual, en Sergio mas bien predominaba un nerviosismo, ocasionado por el temor de ser visto con la mujercita y eso fuera a parar a oidos de su novia, miedo de ser descubierto con Margarita.

Por el contrario, la señora deseaba que lo mas pronto posible pudieran encontrar un motel para saborear las delicias juveniles de Sergio, sentimientos encontrados de ambos contendores, vaya situación.

Después de aproximadamente 15 minutos de caminata y de selección de entre varios moteles, lograron decidirse a entrar en uno que se encontraba en un lugar bastante apartado, lo que satisfizo a Sergio. Ingresaron al sitio y la señora se apresuró a sacar las monedas correspondientes para el alquiler del recinto, cosa que impresionó al encargado del motel.

Ya dentro, la mujercita se sentó en la cama e inmediatamente cruzó una de sus piernitas y con mirada seductora trató de entablar una conversación con el muchacho.

Que te pasa Sergito?

No me pasa nada, por que?

Te veo nervioso, me tienes miedo?

No, es que pensaba que podríamos encontrar a alguien conocido por estos lares.

Ja, ja, ja… eres un miedoso!

Si, parece que si, pero que tal si nos ve alguien y se lo dice a sus hijos?

O a tu novia, no?

Si, tambien a ella.

La quieres mucho verdad?

Si, la verdad si.

Bueno, pero no te preocupes, conmigo es solo para dar unas sabrosas cogidas y cuando ya no quieras, solo tienes que decirlo y San Seacabó.

Ja, ja, ja…. no sea tan fregada, Ud. es bonita y me da gusto que lo hagamos.

Dilo por su nombre, decí “cojer”

Bueno, cojer con Ud.

Eso, asi esta mejor; ahora ven con tu mami

Margarita conocía a la novia de Sergio, ya que ella vivía en el mismo barrio y además había sido novia de su hijo mayor, vaya coincidencia. Pero eso era algo que tenía sin cuidado a la mujercita, ella había ido a cojer con Sergio y no esperaba perder el tiempo con boberías.

Tomó a Sergio por la cintura y lo obligó a sentarse en la cama, mientras que tomando su barbilla se dispuso a llenarlo de besos y caricias que estaban destinadas a hacer que el muchacho entrara en calor, restregaba sus tetas en el pecho del joven y paulatinamente daba suaves masajes al todavía blando pene.

Sergio comenzaba a dar signos de excitación y besaba a Margarita con mas ganas, apretujaba las tetas por sobre el vestido y con la otra mano acariciaba una de las piernas, lo cual le aumentaba el deseo al sentir la suavidad y ruido de las medias, era algo que siempre le había gustado, el inconfundible y delicioso tacto del material de las medias. A medida que las caricias subían de tono, la mano de Sergio subía por la pierna de la señora, hasta lograr alcanzar el pliegue de la nalga con la pierna, otro de los deliciosos sectores que enardecían al jóven, avanzando con los dedos hasta sentir la raja de la concha por sobre la ropa interior.

A todo esto, Margarita ya se había montado por sobre el muchacho y restregaba su pubis contra el de Sergio, lo besaba apasionadamente y continuaba comprimiendo el contenido de sus tetas en el pecho varonil, se incorporó y procedió a despojarse del vestido alzándolo por sobre los hombros y quedando solamente con la perfumada ropa interior, toda de un impecable color blanco, cuyo bloomer resaltaba por debajo de las pantimedias, mientras que las palmas de las manos del jóven se posaron en las tetas de la mujercita acariciandolas desde los costados hacia el centro, juntando los pulgares en el sector del encaje que adornaba esa voluminosa mancuerna.

Para no quedar en desventaja, Margarita comenzó a desabotonar la camisa, para despues dar el mismo trato al pantalón, mientras que sin perder tiempo, Sergio acariciaba nuevos sectores del pequeño cuerpo de su compañera, la que agradecidamente continuaba con el ritual develatorio del muchacho. Se paró sobre la cama para deshacerse de todo lo innecesario mientras que Sergio completaba la tarea que Margarita había comenzado, quedando al instante ambos con solo la prenda inferior de sus respectivas vestimentas; las tetas de ella se le mostraron al muchacho y parecían más grandes de cómo las había visto por primera vez.

Le parecieron mas bonitas y no pudo resistir la tentación de darles prioridad en el proceso de masajeo, e inmediatamente se abalanzó en pos de ellas y con la boca se prendió de una mientras la otra era alcanzada por una de las manos, succionando tan fuerte que la mujercita no se pudo contener y emitir un gritito de dolor por la acción, volvió a posarse encima del jóven y con dulzura se quedó contemplando las acaloradas caricias y chupetones que su nene le brindaba a sus tetas, estas comenzaron a enrojecer y a calentar las partes sensibles mas vulnerables.

Decidió acompañar el acto con un restregamiento de pubis, como si de alizar una superficie se tratara; lo que ocasionó un inmediato lubricamiento de su concha y los jugos comenzaron a brotar hacia el exterior. Sergio ya había comenzado un friccionamiento de las redondas nalgas y la suavidad del bloomer le parecía tan delicioso que no deseaba quitarselo todavía, continuo con el friccionamiento por un tiempo prolongado, lo que obligó a Margarita a suplicar por el despojo de la ya molesta prenda.

Ahora era el cuello de la mujercita el que sentía la humedad de los labios de Sergio, mientras que fervorosamente comprimía las tetas en su pecho para sentirlas en toda su dimensión y las manos estrujaban las ya desnudas nalgas, la señora sin perder tiempo había deslizado el calzoncillo del jóven y podía sentir como los vellos varoniles se restregaban en sus labios vaginales, la sensación aceleraba el deseo de sentirse penetrada.

La ya dura picha tintileaba por entre las piernas de Margarita y a gritos pedía que se le diera el cobijo que necesitaba, golpeteaba a la entrada de la concha y la mujercita atendio al requerimiento del falo, lo que logró con un experto movimiento de caderas hacia atrás, para luego descender en busca del glande y finalmente ascender para enchufarlo por completo, tal destreza era algo que dejaba anonadado a su macho, tanta satisfacción prodigaba al acompañante la forma de culear que practicamente podía quedarse quieto y la señora le exprimiría hasta la última gota de placer.

Una vez el macizo estaba dentro, la mujer comenzó un movimiento circular que obligaba a salir y entrar alternadamente al endurecido miembro, daba la impresión que la picha era retorcida hasta cierto punto y luego era liberada para que girara en el interior de la cavidad femenina, que delicia, que destreza.

Tanta maestría en el arte de culear, había transportado a Sergio a otra dimensión, su macizo de carne sentía las delicias y calor de la concha de la mujercita y se abandonó a las delicias regaladas, tan diestra era su acompañante que casi de inmediato sintió como sus piernas se tensaban y sus testículos se contraían para expeler una abundante masa amorfa de semen, había terminado casi de inmediato.

La vieja sintió el chorro caliente que inundaba sus entrañas y comprendió que Sergio no había podido aguantar tanta delicia, mientras que ella apenas y estaba comenzando a sentirle sabor a la culeada.

Papito, tanto te has hecho de rogar y estabas mas caliente que llamarada!

Si, pero todavía sigo caliente y ahora me las va a pagar toditas juntas!

Ja, ja, ja… hazme lo que quieras papaíto!

Los que saben culear, comprenderan que se puede tirar al menos dos polvos al hilo; cuando se esta de verdad caliente y se tiene la potencia necesaria, los que no; creeran que es una exageración, pero la verdad es que en esta ocasión, Sergio tenía el palo aún duro y continuaría con el siguiente polvo.

Sergio tomó a la mujercita y la colocó de costado, mientras que él se arrodillaba frente a ella y pasaba las manos por su debajo alzándola de las caderas para facilitar el ingreso del mástil, una deliciosa posición que era ayudada por los encules del muchacho y permitía que la picha entrara de costado y hasta lo más profundo de la mujercita, la que al sentir tanta ricura no pudo mas que alzar la pierna y colocarla sobre el pecho del muchacho y con esto el orificio se expandía al máximo y sentía claramente cómo el palo le penetraba hasta lo más recóndito de su ser.

Unas cuantas varias enculadas y a pesar de que la posición era deliciosamente sacrificadora, era tambien un tanto incómoda, por lo que se volteó dando la espalda al jóven e inmediatamente le suplicó que se la metiera por la concha en esa posición, ahora si que de verdad se veía como una perrita que sería perforada por el muchacho, además que esta posición es una de las preferidas de él, de un solo impulso introdujo su miembro y pudo palpar todo el interior de la fémina, mientras que con las manos se abalanzó a acariciar el par de tetas que jugosamente pendían y se balaceaban acompañando los encules.

Luego, dejando las tetas, el jóven la tomó de las caderas y la obligo a apoyar las piernas en las suyas y de esa manera la empujaba y la atraía de nuevo, era un deslizamiento enardecedor que permitía la total introducción de la picha, que deliciosa cojida que ámbos se estaban obsequiando.

La vieja la estaba pasando de lo lindo, lo que era manifestado por unos gemidos que no cesaban de llenar la habitación, ora de dolor por la salvaje penetración, ora de placer por el gusto que sentía, tanto gusto no podía aguantarse infinitamente, por lo que los jugos vaginales escurrían entre ellos y a la mujercita ya se le nublaba la vista, estaba terminando como una vaca, el final de la sesión era exigida por la sacrificada hembra, pero el jóven aun no tenía suficiente y le recordó que se las pagaría toditas juntas.

Ayyy… papito, no doy más; sos un salvaje!

Si? Pues, todavía falta lo mejor, te lo advertí!

Dejame descansar un ratito

Nada, me las vas a pagar toditas juntas, te lo dije!

Dicho y hecho, sacó la picha del orificio femenino y el mástil palpitaba enardecido y a cada tintileo, gota por gota botaba los restos de la corrida de la mujercita y dejaba escapar ese olor tan característico en las sesiones amatorias, ese ácido y penetrante olor que a todos nos encanta percibir.

Sin darle tiempo a Margarita a decir ni hacer nada, tomo con la mano el goteante mástil y colocó el glande a la entrada del negro botón trasero que adorna el medio de ese par de nalgas que tenía al frente, iba a perforarle el culo a la golosa fémina!

No Sergito, por ahí no, me va a doler!

No, te lo voy a meter despacito

No, no seas ingrato; me vas a matar!

No exageres, además si no me das el culo, es como no haber culeado!

No Sergito, no…. Ooouuuggghhhh

Las palabras que iba a decir fueron interrumpidas por el impactante ingreso de la picha, la metió mintiendo, de un solo golpe le perforó la tripa y entró con suma facilidad, ayudada por la humedad de sus propios jugos, el recto se expandio hacia los costados y el negro botón cual un anillo, se amoldó al rollizo intruso que albergaba, ya nada podía hacer para impedirlo, sino mas bien disfrutar la penetración que inevitablemente se había producido.

Sergio metió la picha pero se quedo quieto para que el ano se acostumbrara a las dimensiones de la picha y la mujercita tuviera un instante de alivio a su dolor, al oir que los quejidos de Margarita disminuían de intensidad y frecuencia, lentamente comenzó un mete y saca de ese precioseo anillo negro, que deliciosa sensación cuando perforas un ano femenino, precisamente lo que Sergio estaba deliciosamente experimentando en esos momentos.

A medida que el ano se dilataba, las embestidas adquirían mayor velocidad y frenesí, las que inevitablemente eran acompañadas por un “puf, puf” de Margarita, los sonidos se combinaban y formaban toda una sinfonía de sexual inspiración, la vieja pujaba, Sergio empujaba y el culo se dilataba, bombeaba con ímpetu y las nalgas aplaudían al contacto del varonil embiste, toda una obra de arte.

La estrechez del conducto le proporcionaba a Sergio una adicional satisfacción, y el miembro era comprimido como queriendo aplastarlo, pero la sangre corría por el pene y lo hinchaba, obligando a que el ano se expandiera y perdiera fuerza de compresión, y finalmente, toda esta alternación de sucesos no podía derivar en otra cosa que no fuera la electrizante culminación que se aproximaba y se anunciaba en las extremidades del jóven, la corriente recorría todas las partes del muchacho y cual un cañon comenzó a expulsar un líquido blanquesino que iba a estrellarse en las paredes del recto de Margarita.

La vieja sentía como su culo era bombardeado por unas gotas calientes que le quemaban en el interior, al tiempo que salvajemente le perforaban el trasero en unos últimos embistes que le anunciaban el final del sacrificio anal, el mástil comenzaba a perder fuerza y pasaba a desinflarse dentro de ella, mientras que los cuerpos caían pesadamente, el femenino en la cama con la cara sobre la almohada, la que había sufrido los dientes de Margarita al momento de cada culeada, y el cuerpo masculino sobre el femenino.

Una culeada bestial se había producido en esa habitación del apartado motel y los gemidos y gritos daban fe de ello, mientras que el relajamiento posterior comenzaba a invadir a los contendientes, quienes habían quedado hecho polvo a causa de la fuerza imprimida a cada polvo.

Comenzaron a recuperarse y Margarita trató de alcanzar su ropa interior, pero el ardor la detuvo en el acto, se paso la mano por el sacrificado trasero y pudo sentir el dolor que abarcaba todo el anillo negro, comprendió que debía aguantar un poco más de tiempo para que el dolor disminuyera.

Sos un maldito, me has desfloronado todo el culo!

Que ricura, eso es lo mejor de la cojida, cerrar con broche de oro.

Broche de oro! Me has deshecho el trasero ingrato.

A poco no te gusto!

Si, pero al final me culeabas como para destrozarme.

Es que por ahí se siente lo más rico de todo, me encanta!

La próxima vez no te lo voy a dar.

Claro que me lo vas a volver a dar!

Ja, ja, ja… siento el culo como una llaga, pero si te lo voy a dar, a vos lo que quieras!

No había salido de una y ya pensaba en otra, nada que decir, el sexo es una adicción que nos encanta, la mujercita comenzó a vestirse y comentaba cosas graciosas que había sentido durante la cogida, Sergio también lo hacía y de rato en rato se unían las bocas para dar por terminada la sesión.

Papito, cuando vamos a venir de nuevo?

Cuando quieras, siempre y cuando nadie se entere, ya sabes.

Claro, el próximo domingo; yo me salgo sola y nos encontramos donde ya sabes.

OK, el próximo domingo

Era una promesa que ámbos se hacían, el próximo domingo se debería repetir la experiencia vivida en la habitación de aquel apartado motel, pero solo eso; una promesa.

Sergio no volvería a cojerse a Margarita, había vuelto con su novia y a toda costa evitaba el encontrarse con ella, cuando la veía se escondía y la señora, a pesar de sus esfuerzos; no logró volver a ser perforada por el muchacho, quizás por la diferencia de edades, el hecho de que era la madre de uno de sus amigos, asi como por sus características físicas, quien sabe, pero no volvio a suceder.

Leave a Comment

/* ]]> */