Fantasias Hetero Jovencitas

Quería sentirme sucia (Capitulo 2)

Capitulo número 2 de quería sentime sucia (capitulo 1 aquí) de ANA MARIA SANTURRIALES.
SEGUNDO DÍA
Me llaman del burdel, me preguntan si mi culito es virgen, es lo que quiere un cliente. ¿Por qué esa manía con la virginidad? ¿Con ser los primeros? Quizá quieran ser los primeros en ensuciar la intimidad.
Me han mandado a una boutique. Me dan un vestido liso ceñido, azul oscuro, viste por encima de las rodillas y las mangas por encima de los codos. Está rematado con un cuello tipo bebé, blanco y redondo. El color blanco también remata las mangas. Debo lucirlo con tacones, bolso de mano y el pelo liso con raya en el centro. ¿Voy a ser la niña mala aparentando ser buena, o la niña buena a la que le van a enseñar a ser mala? Cuando llego al burdel me dicen que me espera en la habitación de los espejos. Allí todo está dispuesto para que veas tu cuerpo desde todas las direcciones, hasta el suelo es un espejo. Se puede entrar desde todas las habitaciones de las putas, para que los clientes con dinero lo aflojen sin impedimentos.
Cuando entro tiene un juguete en la mano, una especie de cono con bolitas cada vez más grandes.
-¡Quítate las braguitas!, me dice. Subo poco a poco mi vestido, arremangándolo con los dedos, alargando la espera de lo que busca. Sé lo que está esperando ver y ya no me ve a mí, sólo ve su fantasía. Cada vez me fascina más este control sobre los hombres. Creen que se adueñan de nuestra intimidad y es nuestra intimidad quien se adueña de ellos. Meto las manos por los laterales de las braguitas y me las bajo despacio sin dejar de mirarle a los ojos.
-¡Ponte de rodillas!. Obedezco
-¡Ponte sobre los codos!. Vuelvo a obedecer.
¿Quién controla a quién? ¿El perro da la manita para que le demos un premio o le damos el premio para que de la manita?
Se coloca detrás de mí y me levanta el vestido sobre la espalda. En esta habitación tú eres muchos tus, porque te ves de un lado, del otro, de frente, tu espalda, tu culo, tu rajita. Esta habitación es tu vida porque tú eres la única persona que ve tus muchos yoes. Puedes ver tus yoes más íntimos.
Con una especie de dispensador pone una gelatina transparente sobre el juguete y sobre mi ano. Acerca la primera bolita a mi ano y empuja suavemente, empuja y cede, empuja y cede, entra la primera bolita como un supositorio. El mismo juego con la segunda bolita. Ya está dentro. Tira del juguete, sale la segunda bolita, entra la segunda bolita, sale la segunda bolita, entra la segunda bolita, entra la tercera bolita. Repite el mismo juego con la segunda y tercera bolitas. Empieza a hacerlo muy rápido, como si quisiera masturbar mi ano. Mi esfínter se ha relajado, al principio estaba tensa. Nota la relajación, empuja con el índice y lo mete hasta el fondo. Entonces acerca sus labios a Venus y recorre su puerta con la lengua. Baja su cremallera y penetra a Venus. ¿Cuándo tenga la verga a punto la meterá en mi ano? Me relajo, esperando a que Venus y la diosa griega sean amadas, pero me da dos empellones y saca la verga.
-¡Ponte las braguitas! ¡nos vamos!
Estoy confusa. Ha sido como abrir la botella, catar el vino y apartarlo para regodearse en el placer que llegará después. Hasta ahora, yo hechizaba a mis clientes con mi rajita, manteniéndola presente. Él se seduce con lo que va a ser, con lo que ha catado y desea, pero que se ha forzado a dejar a un lado. Se cautiva con artes de mujer.
Su coche es clásico, como su forma de vestir, como el modelo de mujer que su fantasía quiere ensuciar. ¿Qué es más sucio? ¿La fantasía o la puta que recibe con indiferencia? ¿Quién es más puta, la puta del burdel que te abre la entrepierna un rato o la esposa que te abre la entrepierna toda la vida?
Comemos en una terraza soleada, frente al mar. El azul plata me relaja. El juguete es un poco molesto, pero quizá sea lo más cerca que esté de tener la lengua de un hombre metida todo el día en mi intimidad. Hay muchas corbatas y muchas camisas blancas. Todo es forma, y sólo hay un fondo: todos venimos del mismo sitio. Todos han jugado a ser guarros aunque les encanten las apariencias, se escandalicen,… El saberme penetrada mi ano me encanta ¿qué pensaría mi novio? ¿mis amigos? ¿mis padres? ¿cuáles son sus fantasías más sucias?
Estamos asentados en la soledad, sólo nosotros conocemos nuestros pensamientos, la relación con los demás es por medio del lenguaje. Y no hablamos durante la comida, ni le conozco, ni me conoce. Yo pienso y él piensa, él juzga y yo juzgo. ¿Desde dónde juzgamos?. Desde nuestro condicionamiento. ¿Juzgas inmorales, indecentes, pervertidos mis actos?. ¿Por qué?. En otra cultura el juicio sería distinto. Sólo quiero sentirme sucia, inmensamente sucia ¿por qué?.
Volvemos a la habitación de los espejos. Me pide que espere en mi habitación hasta que se desnude. Luego me hace entrar.
-¡Quítate las braguitas!, me dice, mientras acaricia su falo. ¿Exhibicionismo varonil o protección?. El pene es externo, la vagina interna, siempre está protegida, ellos lo tienen que proteger con la mano. Nuestra vagina no se ve, no está sometida a juicio, su pene siempre está a la vista, siempre sometido a juicio.
-¡Quítate el vestido!
Ya entiendo, quiere encontrar mi intimidad tan pronto me quite el vestido, no quiere que quede cubierta por las braguitas.
-¡Arrodíllate!
Mete su pene en mi boca.
¡Qué suciedad! ¡Qué placer! ¡La verga en la boca y mi culo penetrado por un juguete de puta guarra!
Coge suavemente mi cara con ambas manos y retira la verga.
-¡Ponte sobre los codos!. Obedezco. Estoy deseando que la diosa griega conozca el amor. Que inunde su palacio.
Se coloca detrás de mí. Miro de frente, veo mi cara de puta. Miro para abajo, se reflejan mis tetas de puta. Miro a un lado, veo mi inmenso chocho de puta. Mire a donde mire mi cuerpo de puta se refleja y se repite, pero por mucho que se repita no podrá ser tan grande como la suciedad que siento.
Empieza a tirar suavemente del juguete. No había prestado atención a su color. Es azul oscuro. He llevado a juego el vestido, el bolso, los zapatos y el juguete que me convertirá en una inmensa puta. Hay color, pero no hay sentimiento. ¿Qué sienten los hombres cuando fornican? ¿Sienten algo? No me refiero al placer sexual. Son muy primarios, muy inmediatos, descargar y adiós. No saben nada de la intimidad, de cómo tratarla, de cómo volverla loca.
Ha salido la bola más grande. Sigue tirando, lo saca dulcemente, trata mi intimidad con respeto. Mi ano muestra un círculo perfecto, casi de una pequeña ciruela, pero más sonrosado. Acerca el dispensador a la diosa griega y lo presiona dos veces; la ha cubierto como de gelatina. Mete su índice y lo remueve. Me han metido el dedo hasta el fondo del culo, me siento inmensamente puta y todavía falta el falo. Dispensa sobre su capullo y a continuación lo acerca al anillo griego. Coge el falo con la mano y lo empuja hasta colocarlo un poco dentro. Me coge por las caderas, y empieza un vaivén muy suave y muy corto: sólo sale y entra el capullo, con un golpe repentino lo hinca hasta el fondo.
Aprendo que mi intimidad es mayor que mi vagina. Las mujeres siempre pensamos cómo será la primera vez, con quién, dónde, cómo, pero el ano es como si no existiera. Claro que hablamos de que la chuparemos y de otras cosas, pero del ano nunca. No imaginas que van a meter un pene por tu ano. Bastante duele al defecar con lo estreñidas que somos, como para imaginarte con un pene entrando y saliendo repetidamente por un agujerito tan pequeño.
Ser penetrada por el ano es muy personal. Es tan especial como el día que tu vagina recibe por primera vez. Pero hay dos diferencias muy importantes. Cuando recibe tu ano, tu vagina ya está harta de recibir vergas, se ha convertido en rutina, no tienen respeto por tu intimidad y tú sabes que tu vagina y tú sois tan especiales como el primer día. Y lo segundo es que el amor griego es sexo de puta, no está unido a la mujer, todo el mundo tiene un culo, los hombres también. El sexo con la vagina puede ser de puta, pero puede ser de amor, de madre, y sobre todo es de mujer. Mi primera regla me trae al mundo de las mujeres, defecar es algo que hacemos todos desde el primer día. Es curioso, tengo que limpiar menos veces mi vulva que mi ano, ambos dan placer, y casi siempre nos sentimos sucias con la regla. ¿Por qué? ¿Por qué si dono sangre es limpia y pura y si sale de mi intimidad más personal es sucia?
Que el amor griego es amor de puta lo notas en cuanto el capullo toca el ano para deslizarse dentro de ti. Sabes que allí no hay amor, nunca lo habrá, es sólo sexo, pero tu sexo no está en esa unión ¿te das cuenta de ello? Es sólo el sexo del hombre el que está en juego. Te sabes puta. Sabes que les puedes quitar los hombres a tus amigas sin que tu intimidad de mujer sea tocada, es un poder inmenso. Y aún así, la primera vez que recibe tu ano te sientes tan femenina y tan frágil como la primera vez que recibe tu vagina. Te sabes de quien te penetra, porque penetrándote desde atrás, arrodillada, estás totalmente indefensa. Te coge por la cadera y te trae una y otra vez para que el falo te clave bien dentro; en cada golpe notas que tu vulva está allí debajo indefensa, sabes que es amor prohibido, sabes que eso las mujeres siempre lo han rechazado, porque si cualquier ano puede dar placer entonces nuestra intimidad pierde su poder. Eso es lo que estoy sintiendo. Cada vez que me echa hacia adelante veo salir un pedazo de su falo, inmenso, y cada vez que me trae hacia él, introduce ese émbolo que roza con fuerza el contorno de mi ano. Me encanta que me dé con fuerza, quiero que se deshaga dentro de mi ano, quiero que la diosa griega quede cubierta con crema de puta, me quiero sentir sucia.
Vuelve la confusión a mi mente y además a mi cuerpo. Ha salido del templo griego y se ha metido en el romano. ¿Es Venus quien se va a bañar en crema?. Recibo con igual fuerza, pero no empotra como en mi ano, allí me raía, me forzaba, notaba como mi ano se tenía que dilatar ante ese émbolo. ¿Cuál es el juego? ¿Busca el aro perfecto en mi ano? ¿El cerco sobre el que presionar para que su arma se cargue a la máxima tensión y después descargar toda su crema en el fondo de Venus?
Me empuja y saca su falo.
-¡Vamos, ponte de rodillas! ¡Abre la boca! Le hago caso. Mete su falo en ella.
-¡Come! ¡Vamos! ¡Come, come, come! Me apremia cada vez más rápido.
Chupo con ganas, y con el primer amago de eyaculación lo saca de mi boca.
-¡Vamos, levántate las tetas con las manos!.
Coloco una mano debajo de cada pecho y los levanto hacia arriba. Está justo delante de mi pecho, su mano frota vigorosa su falo. Una contracción, y la primera crema cae sobre mi pecho, siguen la segunda y la tercera, mientras no deja de frotarse acercándolo a uno de mis senos para que la crema le caiga justo encima.
Me siento especialmente guarra. La crema resbala caliente sobre mi seno hasta mi mano. La llevo a la boca, como siempre, para sentirme sucia. Me veo en el espejo con la crema cubriéndome y yo chupándome la mano. Ya no descarga más. Me mete el falo en la boca para que termine de apurarlo. Mientras lo hago recuerdo que mi novio me había pedido hacer lo mismo sobre mis senos, pero me negué. Ser puta es algo íntimo y por tanto secreto, no es algo que se pueda hacer con tu novio. No podría acostarme con mi ginecólogo, ha visto mi intimidad con todo detalle, la ha mancillado con sus pinzas y la ha visto como un pedazo de carne.
He chupado hasta que su falo se ha aflojado. Le miro. Por primera vez le hablo.
-Ayer no vinieron clientes, estaba especialmente caliente y tuve que acariciarme varias veces. Me humedecía metiendo los dedos en mi café. ¿Quieres probarlo?
Mientras le hablo balanceo suavemente su pene por la base para que se ponga tieso. Va ganando forma y le doy un chupetón.
– Es un regalo al hombre que me ha quitado la virginidad, le digo. Te mamaré y cuando estés a punto podrás beber un sorbo, sólo uno, es el café de mis juegos. Yo tengo mis juegos como tú los tuyos.
-De acuerdo, pero ponte el vestido. Sólo quiero ver tu cara con mi polla en tu boca.
Me visto y pasamos a mi habitación. Mi mano recorre su falo, juego con su capullo, se va erigiendo, le acerco la copa, meto su falo en mi boca y chupo como nunca lo he hecho. ¡Tiene que manar! Tras su primera descarga da un sorbo. Yo no trago. Sigo, pero le dura poco, no ha tenido tiempo de recuperarse. Pasa a la habitación de los espejos para vestirse, yo coloco mis labios como si fuera dar un besito dulce y dejo caer mi tesoro en la copa.
Unos minutos después busco mi juguete griego. Lo presiono dulcemente contra mi pecho, cubriéndolo con las palmas de las manos. Nunca me había sentido tan poseída, tan sucia, tan guarra, tan inmensamente puta. Ni tan siquiera ayer, cuando mi intimidad fue repetidamente asaltada por una verga tras otra. Ha hecho el amor a mi Venus, a mi Afrodita y a la Melosa diosa de mi boca, y ha terminado bañando mis senos con crema de puta. Y todo ello sin que haya podido sentir ningún placer sexual, todo el placer ha sido suyo, ha gozado de los tres anillos del amor sin que yo haya gozado de ninguno. Eso es ser puta, dar todo tu cuerpo para controlar y tú no sentir absolutamente nada, no entregar nada de tu cuerpo y hacerte con el cuerpo que penetra el tuyo de todas las formas imaginables. Es un poder total.
Noto que Afrodita reclama su juguete. Se lo devuelvo.
Me marcho sin ponerme las braguitas y sin cambiarme el vestido. Se trasparentan algunas manchas de la crema de puta que han cubierto mis senos. Eso es lo que quiero. Me mezclo entre la gente, me sé sucia, me sé puta, pero es mi secreto.

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